He leído tus cartas, las he repasado una y otra vez. Todas las lecturas me han llevado a lo mismo: "Si me conociste, ¿por qué juzgarme tan mal?" Es una pregunta que no me alcanzo a responder, y no porque no pueda hacerlo sino por que no te tengo aquí. No soy, ni fui, dueño de tu mente. Jamás lo fui. Lo que vivimos fue un arranque de lujuria tan profundo que aún no lo puedo olvidar. Lo acepto, Vida Mía. Lo acepto... Estas manos te extrañan, estos ojos te lloran, esta boca ruega por el elixir de tu piel. Vago sediento por las veredas de otra vida que no me alcanza a complacer. Pero, no puedo volver contigo, no puedo, me lo tengo prohibido. Entrar a tu mundo es enloquecer. Me haces sentir tanto que me hierve la piel. Del corazón ni hablar, no sabe cómo responder a tu presencia, a tu cercanía, a tu capricho, a tu cadena. Si por mi fuera, desaparecería tu recuerdo de mí... Sin embargo, me es imposible. ...
Aquí es dónde yace el pensamiento de lo creado o, simplemente, imaginado.