Era un día... Un día cualquiera... El sol brillaba en lo alto... Me quejaba de ello. Así, llego ella... Una sonrisa. Desperté. "¿Qué haces?", preguntó... Hice como que no la escuché, en realidad, me cohibió. Era tan pura, tan niña, que me desarmó. Seguí esperando el autobús... Era tarde, para mí... Para ella, tal vez no... Me miraba, sonreía... Yo callaba e imploraba por desaparecer. Fue imposible evitar sentirme encendido... ¿Quién era ella? ¿Porqué me miraba con tanto interés? Sus ojos cereza se clavaban en mí... Tome una profunda inhalación... Comencé a sudar... Nervioso... ¿Porqué? Con el rabillo del ojo intenté mirarla... Ella seguía ahí... Su piel extremadamente blanca dejaba entrever sus vasos sanguíneos... Su rostro, enrojecido por el sol, mostraba la sonrisa más bella... Sin embargo, en sus ojos cereza fue donde detuve mi atención... Brillaban cual rosa carmesí abierta...
Aquí es dónde yace el pensamiento de lo creado o, simplemente, imaginado.