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Sirio, Mi Patria. Tierra, Mi Estancia.



Sé que hubo un momento en mi existencia en el que vi, desde fuera, la majestuosidad de este bello planeta... Supe que aquí debía aterrizar. Desde mi hogar se mira diferente esta casa... El azul de mi planeta lo hace ver especial... Como un pequeño lugar donde se viene a jugar.

Cuando pedí venir a la Tierra, muchos aplaudieron mi valentía. Yo, simplemente, no comprendía su efusividad. Algunos me veían con pesar. Quienes me aplaudieron, me felicitaron y me pidieron que volviera pronto. Quienes se entristecieron, me despidieron con un "no volverás".
Entre aplausos y ojos apagados... Me dirigí a la sala donde debía aguardar el momento para comenzar mi viaje a este bello lugar. Mi emoción era descomunal. No sentía pesar, ni siquiera miedo. Lo único que quería era pisar este suelo, lo quería palpar.

"Qué puede tener la Tierra para que la quieras ir a visitar." Me preguntaron quienes se despidieron de mí con pesar.

No supe qué decirles, ni yo mismo entendía la fascinación que sentía al mirarla desde el observatorio cada que tenía ganas de soñar. Tal vez buscaba saber que se sentía vivir como un ser tridimensional... Había pocos viajeros que se atrevían a descender de dimensión, muchos buscaban ascender.

Llegado el momento de mi partida, se me preparó de manera que entendiera que todo lo que había aprendido hasta ahora iba a ser guardado en el ADN universal. En cualquier momento que deseara iba a poder acceder a ello, mientras (y esto me lo recalcaron) fuese capaz de recordarme a mi mismo. Asentí con seguridad. No obstante, me sentí, por un ligero momento, nervioso. Era algo desconcertante. Sabía que era capaz de recordarme, pues era algo sumamente sencillo, tan así que ya no era necesario siquiera creer que lo hacía. Mas, quien me estaba preparando me advirtió que no me confiara, pues la densidad de la Tierra era tan pesada que iba a haber ocasiones en que me iba a sentir sumamente confundido, no iba a poder siquiera saber quién era ni que hacía ahí.
Ingenuamente, no le creí.

Al final de la instrucción, se me paso a una cámara oscura en donde se me mostraron un sin número de imágenes que debía observar atentamente. Fueron millones de imágenes las que vi... Millones de rostros de seres humanos masculinos y femeninos... Niños... Adultos... Ancianos. De pronto, la voz de mi instructor se hizo escuchar...

"Elige" Reflexioné un instante en su palabra, mientras miraba a las imágenes pasar. Con seguridad, alcé mi mano y señalé hacia una de ellas. Las demás imágenes desaparecieron en el instante.
Como si fuese un archivo, se me mostró en su totalidad la vida que iba a tomar en la Tierra y todas las posibilidades que iba a tener. Me sorprendí al grado de reír con satisfacción por haber hecho una buena elección. Mi instructor entró a la cámara para darme unas últimas palabras que me sonaron a más advertencias. Parecía que no quería que hiciera el viaje, pero yo ya me había decidido.

Hablar de lo que pasé antes de venir a la Tierra es algo que me causa un gran malestar. No fue fácil la transición. Fue dolorosa. Fue hasta ese momento que entendí porque no era algo que buscaran hacer mis semejantes. El dolor fue devastador, tanto que lo he olvidado. No fue que muriera... Aunque pareciera que haya dejado mi cuerpo atrás, sólo modifiqué el grado molecular con el que me movía en mi mundo. Debía transformarme completamente para vía de poder acoplarme a la densidad de la Tierra. Ser un alma... Como le dicen a esa energía que fluye en toda la galaxia... Y nacer como un ser humano.

"Recordarme a mi mismo." Esas han sido las palabras que se me habían olvidado al venir aquí. Palabras de advertencia para no olvidarme. Palabras que, de pronto, aparecieron en un libro que tomé por curiosidad en una librería. El autor era un sabio por lo que deduje al leerlo.

Gran parte de mi infancia y de mi adolescencia me la pasé cuestionando a quienes me rodeaban acerca de nuestra existencia. Y no sólo preguntaba por la existencia del ser humano sino de el universo en general. Pero, nadie me sabía responder. Me sentía perdido. Perdido y solo... Confundido... Ajeno a todo y a todos... Como si fuese un extraño en este lugar tan querido por mí.
Sentía que extrañaba algo o a alguien, no sabía qué o a quién... No me entendía con nadie mas que con los animales y la naturaleza. Mis padres no sabían que hacer conmigo... No era como los demás niños... Sólo buscaba estar solo en el jardín de casa. Hubo momentos en los que pedí no haber nacido... Me sentía tan raro... Me había olvidado de mí. Sin embargo, y aun perdido... Jamás dejé de mirar el cielo... Me gustaba tanto mirarlo de noche a través del telescopio... Podía estar horas. Y siempre buscaba la constelación del Can Mayor para perderme en su estrella más brillante... Sirio.
Sentía a mi corazón palpitar rápidamente al perderme en esa divina estrella... Y mis ojos se colmaban de agua... No lo entendía. Me preguntaba si había vida en esa brillante estrella... Y si la había, cómo eran sus habitantes... Me emocionaba con sólo imaginarlo. Me sentía insignificante ante ella al preguntarme cómo es que Sirio nos miraba... Qué éramos para esa luz.
Y lloraba.

"Yo quiero ir a esa estrella, papá"

Le decía casi a diario a mi padre cuando era un pequeñito. Mi padre sólo atinaba a decirme que soñaba.

"Eres un soñador, hijo. A esa estrella sólo podrás visitarla en tus sueños. Es imposible que vayas. Aún no se construyen naves para eso."

Al escucharlo, sentía a mi corazón apretarse... Estaba lejos, realmente lejos de ese lugar que tan mío lo sentía. Ahora es que sé que mi padre tenía razón... Puedo visitar Sirio al dormir... Aunque a nadie le había contado de mis viajes... Hasta ahora.

Esu Emmanuel G.



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