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Carta


En la lluvia te sentía
En la lluvia te adoraba
Podía con mis manos tocar
lo que mi corazón anhelaba.

Dime, ahora que el cielo ha dejado de llorar
¿cómo es que tendré la oportunidad
de ver a tu sonrisa irradiar
si a través de su llanto a mi alma lograbas calmar?

Egoísta, sí, lo he sido
al tomar de la tristeza del cielo gris
mi más alegre día soleado
mas tarde o temprano tenía que salir nuevamente el sol
para cubrirme a mí de opacos desencantos.

Mi pluma ahora baila al compás de mi mano
una danza triste y solitaria
y por más que intenta formar palabras y frases entintadas
con tu esencia a gardenias y océano
no haya el camino a tu encuentro.

Lo absurdo es que con mis manos
fue que logré llegar a ti, y con ellas mismas
creé una historia que al final
sola terminó de escribirse
y en soledad te encontré... te adoré... te lloré
y con mis ojos cerrados te escuché y supe que
si cada uno de mis dedos lograba moverse
era porque tras de mí yacías tú abrazándome y
tomando con la tibieza de tus manos a las mías
a fin de dictarme las palabras que de tu mente a tus labios llegarían
y así me volví tu boca, tus ojos, tu sonrisa, tu cuerpo... tu energía
y al mirarme te miré
al abrazarme te abracé... y al escribir, te escuché

Te amo y te extraño
mi papel ya no luce igual
si las palabras no han sido por ti dictadas
Sé que para encontrarte nuevamente
bajo la lluvia he de dejar mis ilusiones plasmadas
mas lo intento a cada paso
y lo único que puedo ver y tocar
son a mis obstinadas lágrimas.

¿O es que acaso he de seguir llorando
para así encontrarme contigo?
¿Convertirme en lluvia
y en el mar hallar tu abrigo?

Si es así
entonces permíte evaporarme
hacia ti alzar mi alma... elevarme
formar las más hermosas nubes
que en copos y algodones grises
besen al amor y estallen en azules rayos y en matices
que como granizos suaves caigan sobre las montañas y los valles
para al final, ser uno mismo... ahí, donde todo parte
donde todo surge

el azul mar

el rosado ocaso

y el dorado sol destellante

Paloma B. Ramírez




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