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Los cuatro obstáculos a superar para la comprensión del Alma.


   
      “Igual que la niebla ante el Sol, la ignorancia se disipa ante el Conocimiento”. El Conocimiento se adquiere por la constante indagación. Todos ustedes deberían estar continuamente ocupados en indagar acerca de la naturaleza de Brahman (Dios), la realidad del Yo, las transformaciones que ocurren en cada individuo al nacer y al morir y otras cuestiones de esta clase. Así como la cascarilla que cubre el arroz tiene que ser eliminada, así también la ignorancia que se adhiere a la mente tendrá que ser removida por la frecuente fricción, resultado de la reflexión sobre el Alma.
     Sólo cuando el Conocimiento completo es conquistado alguien puede liberarse. Después de obtener el Conocimiento del Alma, uno tiene que seguir el sendero de Brahman y actuar de acuerdo con su nuevo saber. Todas las dudas que afligen la mente deben ser resueltas consultando a aquellos que saben, o a los grandes maestros que uno ha tenido la oportunidad de conocer. Mientras el individuo no esté perfectamente establecido en el sendero que el gurú o los Sastras (los Códigos de Moral) han mostrado, deberá obedecer las reglas e indicaciones constantemente y estar en su compañía o mantener su relación con ellos de una manera u otra. Y es que se puede progresar más aprisa si uno permanece cerca de estas sabias personas que han realizado la Verdad. Uno debe, con renunciación completa y sincera dedicación, seguir las instrucciones del maestro y de los Sastras. Estas son las verdaderas austeridades que conducen al más alto estado.
     Cuando la ignorancia y su inseparable compañera, la ilusión, desaparecen, el Alma brilla en todos con su propio esplendor. Todo lo que vemos es como un espejismo, la superposición de algo irreal sobre lo real y confundimos una cosa con la otra. Las cosas tienen un principio y un fin, se expanden y se contraen, hay una evolución y una involución. Cuando todo es disuelto por la involución, solamente perdura la sustancia causal. Solamente la Causa No Manifestada sobrevive a la disolución universal.
     Cuando el oro es fundido resplandece en el crisol con una singular aura amarilla. ¿De dónde emana esa luz? ¿Del oro o del fuego? Sucede solamente que el fuego remueve la escoria; la refulgencia pertenece al oro en sí: ésta es de su propia naturaleza. El fuego es un medio para eliminar la escoria. ¡No se añade nada al oro en el crisol! Si sólo el fuego pudiera darle tal esplendor al oro, ¿por qué un trozo de madera, de acero, o una piedra echados al fuego no se vuelven tan resplandecientes como el oro? Así, se llega a la conclusión de que el esplendor del oro no le viene a través del fuego, sino que es producto de su propia naturaleza interna.
     El Alma que reina en el interior (“Prathyagathma”), está separada de las cinco envolturas que conforman a cada individuo o Panchakosas, y brilla con luz propia. Ella es testigo de las actividades y consecuencias de los tres gunas (cualidades de la materia). Ella es inmutable, sagrada y pura. Ella es eterna, indivisible, automanifestada. Ella es Paz, infinitud; la Sabiduría misma. Esta Alma debe ser reconocida en uno mismo.
     Para llegar a la comprensión de esta Alma, esta Encarnación del Conocimiento (“Jñanaswarupa”), existen cuatro obstáculos que deben ser superados: el sueño, la indisciplina, la decadencia y el arrobamiento (“laya”, “vikshepa”, “kshaya” y “rasa-aswadana”). Veamos en qué consiste cada uno.

     El sueño (“laya”): Cuando la mente se aparta del mundo exterior entra en un sueño profundo o “sushupthi” que es causado por la influencia irresistible de lo transitorio (“samsara”). El aspirante espiritual debe contrarrestar esta tendencia y procurar mantener fija su mente en reflexionar acerca de la naturaleza del Alma. Tiene que descubrir las causas que inducen a la somnolencia y suprimirlas en su oportunidad, reiniciando la práctica de la meditación (“dhyana”) una y otra vez. Claro está que la principal causa de la somnolencia y el sueño durante la meditación es la indigestión. La comida en exceso, la fatiga extrema a causa de una sobreactividad, la necesidad de dormir bien, son también causas del letargo y la somnolencia. Por eso es aconsejable dormir un poco durante el mediodía en aquellos casos en que uno se ha desvelado durante la noche; sin embargo, en general, todos los que se dediquen a la meditación deberían evitar dormir durante el día. No coman sino hasta que verdaderamente sientan apetito. Practiquen el arte de comer moderadamente: cuando se sientan satisfechos desistan de seguir comiendo; es decir, que tienen que suspender su comida cuando sientan que todavía pueden llevar a la boca un bocado más. El estómago puede así ser educado para que se comporte de una manera más adecuada. Tampoco es bueno el ejercicio excesivo; ni aun el simple caminar debe ser ejercitado con exageración. Deben ustedes caminar pero únicamente hasta que ahuyenten la somnolencia. Recuerden que no deben sumergirse en la meditación inmediatamente después de haber salido del sueño.

     La indisciplina o rebeldía (“vikshepa”): A la mente le gusta volar tras los objetos externos y, por lo tanto, se requiere un gran esfuerzo para hacerla regresar continuamente hacia el interior, lejos de las tentaciones del mundo y de las percepciones sensoriales. Esto tiene que ser realizado a través de rigurosos ejercicios de discernimiento intelectual. Recapaciten sobre esto y obtengan la profunda convicción de que todas estas cosas son transitorias, evanescentes, sujetas a la decadencia y, por lo tanto, no reales: una realidad temporal (“mithya”) no es la Verdad (“Sathya”). Convénzanse ustedes mismos de que tanto aquellas cosas que son buscadas por placenteras como las que son evitadas por dolorosas son solamente impresiones pasajeras producto de la experiencia sensorial. Practiquen este método de rechazar las atracciones del mundo externo y sumérjanse profundamente en la meditación.
     Un gorrión perseguido por un halcón vuela desesperadamente y busca refugio dentro de alguna casa; sin embargo, está ansioso por volar de nuevo hacia el mundo exterior. ¿No es así? De la misma manera, la mente está ansiosa por ir otra vez hacia el mundo exterior, abandonando el Alma en donde había tomado refugio. A esta actitud mental de ansiedad por regresar al mundo, fuera del refugio interior propio, se le llama indisciplina y solamente con la supresión de ella será posible la concentración de la mente en meditación.

     Decadencia (“kshaya”): La mente se ve arrastrada con gran fuerza por todos los impulsos inconscientes y los instintos pasionales, los apegos hacia el mundo exterior y sus múltiples atracciones; sin embargo, en estas circunstancias experimenta incontables miserias y hasta puede perderse en esas profundidades. A este estado se le denomina decadencia.
     El estado de inercia en el cual uno se deja llevar por la desesperanza no puede ser llamado “samadhi” o estado de Bienaventuranza. Es más, alguien puede recrearse en la ilusión, soñar despierto con el fin de escapar a la miseria presente, o puede construir “castillos en el aire”. Todo esto es debido al apego, a las tentaciones del mundo material. Hay también otro tipo de apego: el apego al mundo interior, el planear en nuestro interior diversas estrategias para que el futuro sea mejor en comparación con el pasado. Ambos tipos de apego forman parte de lo que se llama decadencia. La causa básica de la decadencia en sus dos clases es la atracción ejercida por el mundo externo. El apego crea deseos y los deseos conducen a elaborar planes.

     Arrobamiento (“rasa-aswadana”): Cuando la decadencia y la indisciplina son eliminadas uno obtiene la felicidad del más elevado contacto sujeto-objeto. A dicho estado se le llama estado de arrobamiento. Sin embargo, esto no es lo más elevado de la Suprema Bienaventuranza, en la cual uno no obtiene o adquiere, sino simplemente “es”, se vuelve consciente de sí, por decirlo de algún modo. La dulzura del “samadhi” sujeto-objeto es una tentación que se tiene que evitar, porque su nivel no es el más elevado. Ya es suficiente alegría obtenerla aun considerándola como si fuera un obstáculo. La alegría que se produce es tan grande como la de una persona que ha descansado definitivamente de una gran carga que había estado llevando a cuestas durante mucho tiempo, o como la de esa codiciosa persona que acaba de matar a la serpiente que custodiaba un gran tesoro del cual siempre quiso apoderarse. Matar a la serpiente es “savikalpa samadhi”, la bienaventuranza consciente, es fundirse con lo diferenciado; tomar el tesoro es “nirvikalpa samadhi”, el supremo estado de Bienaventuranza, es fundirse con lo indiferenciado.

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba
Tomado del libro: La Senda del Conocimiento (Jñana Yoga)
 

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