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¡Insectos!



¿Dónde termina tu libertad y empieza la del otro?

Ésta pregunta me ha estado rondando la cabeza.  Si bien estoy de acuerdo en la libertad de expresión, también soy defensora de la prudencia y la empatía.  Nadie debe excusarse en un: "así soy yo, acéptame", para dar a conocer un disgusto con palabras soeces o hirientes hacia su interlocutor (que bien puede tener una predilección por ese disgusto). 

En la vida te encontrarás con un sinnúmero de gente con su propia manera de ver la vida, pero que no por ser diferentes deben ser imprudentes. 

La empatía nos da la habilidad de ponernos en el lugar de la otra persona y pensar de manera analítica lo que se le va a responder si no estamos de acuerdo con su postura de una manera que no sea hiriente o dolosa. 

Hay gente que entrega el corazón, que ofrece la mano en amistad, que de verdad daría todo por la felicidad de los otros; pero que, al encontrarse con depredadores sentimentales, puede llegar a caer en depresión al dar por real todo lo que, con vicio y dolo, aquéllos le hacen saber de forma despectiva y orgullosa en frases como: "¿Debo fingir que me gusta solo para agradarte? ¿Debo ser quien no soy solo para no hacerte sentir mal? ¿Debo aguantarme el asco solo para no vomitarte encima? ¡Eres egoísta! ¡No me escuchas! ¡No me tomas en cuenta! ¡Eres mentiroso! ¡Eres falso!", entre muchos otros.

Es lamentable toparse con este tipo de insectos, ya que no puedo llamarles "seres humanos". Un ser humano tiene la capacidad innata de ser empático, un insecto no. Aquel ser humano que no sienta en su interior ni una mota de compasión por otro ser humano, no merece ser llamado como tal. Y duele, si, duele ver en los ojos de esa persona a quien tanto amas, el dolor de haberse entregado todo y no haber sido correspondido de la misma manera. Duele saber que se le aventaron flores a los cerdos, y que éstos, de la forma más sucia y ventajosa, se las tragaron y defecaron sin mayor vergüenza. ¡Inconscientes! No puedo calificarlos diferente. ¡Que tienen en el pecho si no un vacío negro en el espacio que debería albergar al corazón! Se esconden detrás de una mascara de enfermedad y depresión para atrapar a su presa y devorarla sin piedad al atraparla con mentiras y lloriqueos nefastos. ¡Ay de esos cuerpos sin alma! ¡Ay de esas gentes que se topen con esas lacras! Porque de ellos será la muerte segura. 

He dicho.

Claudia V. Ramírez

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