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Sombras de luz.

  He caminado largas leguas, en cada cuadra me he detenido solo un poco. He observado el paisaje, lo he disfrutado. Toda esa luz, ese aroma. No hay belleza más grande que ésta. Pero, de pronto, entre ese caminar me he topado con sombras obtusas, tercas, sedientas de energía. Han tratado de atraparme para devorarme la hiel. No buscan amor. No buscan bondad. Su único objetivo es matar. Por un momento, creí que eran conscientes de sus deseos, pero no era así. Esas sombras no sabían porque hacían lo que hacían; porque buscaban devorar de las almas, la luz que las hacía vivir. Tragaban luz solo para soportar el hambre de morir. Aceleré el paso, no por miedo sino por precaución, sin embargo, algo dentro de mí falló. Mis ojos se cegaron ante la bella luz de un ser. Me sentí pleno, fuerte y enamorado. No pude evitar mirarle, saludarle. Me le acerqué sin miedo, sin pena. Hable de esa luz que llevamos todos dentro, y que pocos logran conocer, y que otros muchos busc...

Encuentro Fortuito

Mis ojos.

Inerte corazón

"¿Qué tienes, muñeca?" -pregunté al verla decaída y muy triste. Su perfecta carita reflejaba cansancio y enfermedad, como si algo la aturdiera, mas lo único que deseaba era un abrazo mío: "con eso estaré mejor" , decía con una apenas perceptible vocesita que no dejaba de ser celestialmente hermosa. Sus enormes ojitos aguazul me miraban, enamorados, fijos en mí, aunque también entintados de sutiles lágrimas.                                                                            La abracé... con todas mis fuerzas -cuidando el                                                                         ...

La mascara.

La Felicidad.

Paloma B. Ramírez / Christopher Reynoso Ramírez (Hijo)

El hombre que no quería enamorar.

Bastaron solo tres palabras para romper su corazón... Jamás creyó que hablándole de esa manera ella iba a crear todo un mundo de caos en sus vidas. Él solo la miro partirse en dos, resquebrajarse como un manojo de ajos al ser tomados por dos manos rudas.  Ella, cayendo en sus rodillas, solamente grito... "Te odio... Jamás me habían ofendido tanto... Te di todo... Todo lo que tenía en mis manos, y tú... solo lo dejaste ir... ¿a eso le llamas amor?" Él la miro, cabizbajo... Sus labios no supieron que palabras usar... Lo único que brotaron de sus ojos fueron un par de lágrimas agridulces que le sellaron los labios. No sabía que decir, tampoco qué sentir. Lo único  que emanaba de él era una gran duda.  ¿A qué le llamaba amor esa mujer? ¿A que le llamaba ofensa? Si él lo único que había hecho era hacerla  feliz... Fue poco el tiempo, casi un instante... Pero, fue el más rico, el más puro.  ...