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Yo Soy Crísem, tu color.



"Podrán quebrantar mi privacidad y con morbo descubrir mis palabras, pero jamás podrán quebrantar a mi mente donde guardo mis recuerdos más amados y donde sólo ella y yo somos confidentes. Es ahí donde te guardo. Es ahí donde te amo. Es ahí donde mi tristeza encuentra refugio. Ahí donde tú habitas sin siquiera saberlo; o tal vez vivas consciente y Yo Soy quien dormida permanece..." Paloma B.Ramírez.

"Crísem", ése es tu nombre; nombre que llevo guardado en mi mente día a día y que repito como a una oración cada noche antes de dormir, sólo para verte una vez más. En tí he encontrado el mejor de los refugios; eres mi amigo, mi abrigo, mi sonrisa más cálida, la magia que creí haber perdido una vez que en adulta me convertí.
Siempre ríes, jamás te molestas y me escuchas pacientemente, bajo la luz de cualquier lugar al que te pido ir. Y es que, en ocasiones no son necesarias las palabras cuando estoy a tu lado, ya que a través de esos hermosos ojos color Violeta, me guardas en tus susurros, me aquietas en tu queda melodía.
Desde que tuve la oportunidad de conocerte, ya nada es igual en mis días. Continuamente cierro mis ojos para verte, pero, así no es como funciona, siempre me lo dices; "...en la nada de tu mente, ahí me encuentras... cuando desaparezca todo ese ruido que genera tu desespero, ahí estoy... no sirve el cerrar los ojos; cada una de las partes de tu cuerpo debe ser consciente de que Yo Soy en ti, con querer soñarme no estaré, por favor, entiéndelo amor...". "Amor", oh Dios, mi piel se estremece cuando me llamas de esa manera con el grave timbre de voz que te pertenece, grave y al mismo tiempo, suave... tierna y delicada.
"¿Cómo es tu amigo Crísem, mami?", una vez me preguntó entusiasmado mi pequeño hijo de 10 años; quien es la única personita a la que le he hablado de ti.

Crísem, mmm... es un ángel hermoso. –me estremecí al recordarte y sonreí enamorada.
¿Cómo es su rostro? preguntó mi chiquillo y al hacerlo sus ojitos brillarón de emoción.

Tomé un gran suspiro y con mi agitado corazón comencé a articular las palabras. Me sentí como una adolescente a mis 30 años. Crísem me hace recordar los mejores momentos de mi juventud, cuando todo lo veía color de rosa y ninguna situación, por difícil que fuera, me hacía caer.

Tiene un rostro hermoso, hijo, algo así como el tuyo; su piel es suave y sin imperfecciones, como la tuya... sus ojos son ligeramente rasgados y poseé unas pestañas muy grandes, sus cejas son largas y rectas y en conjunto con sus ojos, son demasiado expresivas, no son muy pobladas... su nariz es mediana, cuando le aprecias el rostro de perfil, te puedes dar cuenta que es muy fina; sus labios, rosados, el labio superior muy delgado a comparación del inferior. No tiene barba, su piel es suavecita, es muy lampiño a diferencia tuya que ya eres un varoncito muy velludo...
¡Ahh, no es cierto! frunció el ceño con algo de disgusto¡Ni que fuera un chango!
¿Ah no?, ¿y entonces esas barbotas que tienes aquí? ¿Y ese bigote que tienes acá? le besé las mejillas y la parte superior de los labios.
¡Ya mami! Estamos hablando de tu amigo, no de mí –,sonrió emocionado¿Es alto? me miró con demasiado interés.
Es bastante alto, cuando lo abrazo he de ponerme sobre las puntas de mis pies y aún así le faltan centímetros a mis piernas para alcanzar su altura... él debe agacharse para abrazarme bien. sonreí levemente en tanto cerraba mis ojos y recordaba la bella esencia de ese mágico ser, amigo mío.
¿Y es robusto o delgado? –preguntó sin apartar una curiosilla mirada de mí.
Es delgadito, y se ve aún más así pues siempre viste un hermoso traje en color morado, pareciera como si acabará de casarse. Siempre tan elegante.
¿Y cómo fue que lo conociste?, dices que fue en tus sueños, ¿verdad?
Así es, hijo... Crísem únicamente aparece en mis sueños, sin embargo no es siempre que duermo, él viene a mí sólo cuando me encuentro muy desesperada, triste, enojada, decepcionada. –tomé un gran suspiro y callé.
Pero , si sólo viene cuando te encuentras triste, desesperada y eso... ¿por qué entonces últimamente me hablas mucho de él? ¿Es que a caso últimamente te sientes así, mamita?

Mis ojos se humedecieron cuando mi pequeño hijo me hizo esa pregunta, mas al reaccionar sonreí repentinamente tratando de esconder algo por demás evidente.

Bueno, ya basta de tantas preguntas, a dormir que mañana irás a la escuela. –agaché la mirada en tanto cobijaba el cuerpo de mi chiquillo con la sábana y el grueso cobertor.
Pero mami, yo quiero saber más de ese amigo tuyo. Yo quisiera tener un amigo así.
Tú no necesitas tenerlo, hijo, ya que eres niño y eres lo suficientemente feliz que no te hace falta más.

Cuando yo era pequeñita como él, nada me hacía falta. Todo a mi alrededor era paz y armonía, jamás atravesó por mi mente pasarme casi todas las horas del día dormida con tal de poder conversar con un amigo imaginario, al contrario, mi mundo era estar lo suficientemente despierta y jugar todas las horas posibles y aún cuando mis párpados cubrían de repente a mis ojos con obstinado cansancio, no me iba a la cama hasta que ya no podía más. Sin embargo, no puedo llamar siquiera imaginario a mi amado amigo, de quien me encuentro profundamente enamorada a tal grado de sólo querer estar dormida todo el día con tal de verle. Cuando hablo de él, cuando estoy con él, cuando todo mi mundo se convierte en él, me llego a sentir confundida, a tal punto de creer que mi sueño es la realidad y ésta es sólo un sueño. Por lo único que permanezco despierta es por mi hijo, y como desearía podérmelo llevar a ese mundo donde todo es calidez, amor y armonía.

...continuará...



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