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Divagues.

Ella me habló
 y
   al hablarme
nacieron bellas y olorosas rosas
   de su Corazón.


Caminó
  oculta tras un velo de pudor
Respiró
  y sus ojos brillaron con desesperación
Pensó
  que tal vez todo era un sueño
Se asustó
  no quería abrir los ojos
Murió

Sigo escribiendo
no me es necesaria la ventana...
Sigo siendo
no me es necesario que lo vean...
Sigo sintiendo
no me es necesario que lo sepan...

Aquí, en el silencio, todo sabe mejor.

Así, libre como el viento,
sin ningún eco que me cubra la voz.

Me voy a esconder,
entre luces de colores,
tal vez me logres ver.

No fui un eco.
Fui una Voz.
No fui esencia.
Fui Presencia.
Fui un Corazón.

Hablar de amor no se debe
  Callar es lo mejor
     Entre oídos que no oyen
       Y ojos que ven lo que no

No necesito de la tinta
con mi sangre es suficiente.
No necesito de la pluma
con mis manos puedo saber lo que se siente.

Tengo mucho ruido en la cabeza
y en ninguno estás tú.

Cuando sea necesario
  volveré. 
Mientras tanto, 
  guardaré las palabras
    para mí. 


Te estoy guardando entre mis letras, y en Mí, para hacerte eterna.


Amor, me siento ardiendo en el gozo de la chispa divina que me late en el pecho… Ahí, donde Tú y Yo ardemos sin nombres, sin rostros, sin cuerpos.

Me estoy amando tanto que estoy dejando crecer al mar que llevo en el corazón hacia lo profundo de su tibio y oscuro interior.

Buscaré decirle al corazón:
"Espera, aguarda… No olvides la intención, pues todo lo vertido en una hoja puede crear la más densa congoja o la más pura excitación."

Busquemos decir lo adecuado, lo justo, lo sentido… Demos la mano a la prudencia, al calmo desahogo, y confiemos en lo que esas palabras traerán a la realidad con la precisa intención.

Me siento tan ligero que podría volar… sin dejarme el cuerpo.

El perdón sabe a miel bebida del panal; sabes que no puedes beberla sin cubrirte la piel de inevitables picaduras.

Sentí una paz indescriptible al leer lo que había escrito el día anterior; como si millones de ladrillos de concreto se hubiesen desecho en mi interior, liberándome así, de un peso que no era mío, pero que, dolorosamente, sentí como tal.

Es y será de mi predilección leer a quien ha sabido amarse a sí mismo ante toda duda y creación mental equivocada que se ha formado del ambiente que le rodea. Unos ojos limpios que observan desde su Yo Interno para fuera, valen más que aquellos que creen mirar luces en los bosques oscuros del exterior.


Esu Emmanuel G. 



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