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¿Saben cómo debería meditar en Dios un devoto?

     
     Derrotaba ampliamente a todos los modelos de belleza que yo recién había experimentado. Él es Belleza, la Belleza es Él. La Be­lleza es alegría. Aun cuando Sai Murari estuvo sentado entre noso­tros, nos parecía difícil salir de esa sensación de ebriedad. Mirándonos a todos y riendo, nos preguntó: "¿Saben cómo debería meditar en Dios un devoto? Abandonando los deseos relativos a sus cuerpos transitorios, poniendo una fe total en los otorgadores de la alegría permanente e ininterrumpida, los Pies de Loto de Dios, uno debiera entonar, siempre vigilante, el nombre de Dios. Ése es el camino para alcanzar la unión con Dios. El pesar y la alegría son como los dos baldes que cuelgan de los extremos de la vara de bambú que el aguatero apoya en sus hombros. ¡Cuando Dios Mismo toma la for­ma humana para servirle a la humanidad, piensen cuánto más se de­bieran dedicar al servicio social los seres humanos! Cada objeto en esta tierra constituye una imagen de la Divina fantasía de Dios. Dios es el morador interno en cada ser viviente. Uno debiera estar siem­pre meditando en este Dios. Tan pronto como asome el sol por el Este, cuando los pájaros comienzan a cantar, uno debiera despertar y, de todo corazón, rezarle a Dios, pensando: '¡Señor! La noche y el día son como nuestra muerte y nuestra vida. Este es mi nacimiento humano. Todo lo que hagas, lo que dispongas que se haga, es Tu voluntad. Tuya es la total responsabilídad por mi vida. Por favor, bendíceme para que trate a todos de manera tal que merezca su amor'. Antes de irse a la cama, uno debiera arrodillarse y pensar: '¡Padre, el Amoroso Protector de los devotos! Este dormir es una muerte en miniatura. No sé si voy a ser o no testigo del amanecer de mañana. No sé cuántas equivocaciones cometeré desde el momento en que despierte. Sé bondadoso, sométeme a un castigo apropiado y líbrame del pecado'".
     Luego recitó el siguiente poema:

         Desde el momento en que te levantas hasta que te vas a dormir,
         Sin reglas ni límites y sólo para ganar tu sustento,
         Desperdicias toda tu vida,
         Sacrificándolo todo con este fin,
         Olvidando al Dios de los Ojos de Loto.
         ¿Cuál es la inmensa alegría que has logrado?
         ¡Oh, Hombre! Reflexiona sobre esto, con amor.

     Dijo: "Nuestros ancestros solían leer grandes y gruesos libros. Inclu­so hoy hay algunos que leen. Organizar correctamente los pensamien­tos de uno y expresarlos en la forma de un libro representa una tarea que consume mucho tiempo. Puede que se pregunten por qué se molestaron los escritores en escribir tantas páginas. Su esperanza residía en que leer al menos una de todas estas páginas los pudiera inspirar para ser mejores personas, al practicar lo escrito en ellas. Aunque no leyeran sino unas pocas páginas, debieran entresacar la 'miel' en ellas".

Extraído de libro: “Fuera de ti no hay refugio”, por Smt. Vijayakumari.


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